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miércoles, 11 de mayo de 2011

¡Cállate Juana!



¿Cómo te atreves,
a exigir mí respeto?
¿Cómo es que quieres
más productividad?

¡Siéntate aquí en mi silla!
Una hora, tan solo una…
Aguanta la fatiga,
la penumbra y el calor asfixiante.

Diez horas… ¿doce?
“media hora de descanso”.
La incomodidad, el hedor, el ruido.
¡Ven, aguántalos y no te equivoques!

¿Por cuánto?
¡Trescientos pesos la semana!
Mientras tú… me exiges:
¡Perfección de milímetros!

¡Ni una pieza fallada,
o se te descuenta del pago!
Otra semana, otra  más,
“que no alcanzaste la meta”.

¡Ja! ¡Qué puta madre la tuya!
Rojo, amarillo, negro, azul…
Doce, cien, mil…
¿Cuántas prendas quieres hoy?

Al revés, al derecho,
el hilo se rompió otra vez.
Mi columna ya grita:
¡Pinche Explotador!

-¡Cállate Juana!... que ai’ viene el patrón.

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