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sábado, 14 de mayo de 2011

Sobre el secuestro de Sabor Anís Estrella


Si imaginé a mi blog, encerrado en un lugar oscuro, oloroso a humedad y polvo, con ojos y boca tapados, padeciendo todo tipo de maltratos, con duros y largos interrogatorios, que lo hacían estremecer, retorcerse. Luego yo, sentada al lado del teléfono por largas jornadas, esperando el ring que me conectara, con alguna voz neutral, asexual, pero muy grave, dictándome sus exigencias y por supuesto el monto del rescate, luego un pit pit pit, al momento de que yo tratara de hablar.

Desesperada, me vi atravesando la ciudad de lado a lado, varias veces, para entrevistarme con mis amigos, por el temor de contactarlos por teléfono y que estuviesen interceptando las llamadas; estrellándome con la sorpresa de que mis amigos se alegraban por lo sucedido, porque significaba la liberación definitiva, de su abrumadora tarea de “tener que entrar”, sin desearlo siquiera, solo para revisar si no estaban reflejados en alguna entrada.

Por otra parte, el blog debatiéndose entre la vida y la muerte, con macabros lavados de cerebro; para regresármelo, en caso dado, ya con sus colorcitos muy despintados, y sus letras escurridas, muy ajado, debilucho, por la falta de alimentación de todos esos días.

Y ¡lo peor! cuando recibiera la llamada tan esperada y temida a la vez, que me dijera: Se lo regresaremos, cuando cumpla con el rescate… Pero ya va… con un gusto tremendo, eso entendería yo, pero en realidad, ellos me dirían la palabra “adicción” por los refrescos de cola y las papas fritas, con salsita roja de picante y sin limón.  ¡Noooo! gritaría mi alma. Mi rostro borrándoseme con tanta lágrima.

Además, ya no podrá aceptar jamás en el cuerpo de sus entradas, determinadas palabras, ni temas, ni su desorden con que redacta, ni sus opiniones tan disparatadas, sobre todo aquello que opina sin conocer en lo más mínimo.

En automático el mismo Anís, se los rechazará, así que sus tecleos serán muy suaves y mesurados, si no quiere provocarle, las más inusitadas reacciones en su organismo y distorsiones en su estructura, pues ya quedó para siempre, con un virus latente, que se detone con cualquier tecleo en falso. Ya me veía yo, como si fuera piano el teclado.

Se lo regresaremos, pero con muchas condiciones… aparte de la suma que le estamos pidiendo, por supuesto… pit, pit, pit, otra vez y otra y otra y otra.  Y en cada llamada siguiente, yo más ojerosa, desconsolada y sola.

Anís desesperado, tratando de zafarse, de gritarme, pero yo solo escuchando un ligero quejido, muy lejano, muy diferente al anís que escuché la última vez. Mi anís. Que si no lo conociera tan a fondo, creería que no era Anís, el mío. Ese que me permitía cada vez todo lo que yo le dijera, muy calladito, receptivo y obediente.

Luego, la llamada devastadora y menos deseada, que me dijera: Cómo se imagina que podrá seguir con su libertad por el mundo señora, si cuando menos lo esperamos, usted dibuja un acento donde no va y deja de colocarlos donde si van.

Dios mío, que horror, yo escribiendo a máquina, prestada de una maestra jubilada, vecina, después de muchas súplicas de mi parte,  por el temor de escribir a mano y que reconocieran en mi grafología mi identidad y aparte todos los rasgos negativos de mi personalidad… Y enviando muchos faxes a los señores de la RAE, para que me enviaran con un propio, costase lo que costase, una nueva edición de las reglas ortográficas aceptadas el año pasado, los acentos que se omitieron, las palabras que se incorporaron, las que murieron, etc.

Y  no recibiendo ningún fax de regreso, ni siquiera para decirme que todos los miembros de la RAE andaban de vacaciones. Resolver ese oscuro lío con mis propios recursos y sola ¡Qué pesadilla!

Luego, el miedo que sentí, al escuchar la llave entrar en el cerrojo, yo brinqué detrás de un sillón, lista para defenderme, con el teléfono en la mano, que fue lo único que alcancé a tomar, dispuesta a una lucha cuerpo a cuerpo. De acuerdo a las recomendaciones por tele de defensa personal en casos así.

Ya los pasos en el zaguán, acercándose, mi corazón incontrolable en el pecho, como si lo tuviera colocado mas bien en la garganta pam pum pam pum pam pum.  Y ver a anís estrella llegar, y decirme con esa desfachatez: ¡Andaba en el parque!

Mi cara se me fue hasta el piso, pero ni modo, la recogí desfigurada, e instintivamente la volví a colocar en su lugar, creo, luego eché mano de toda mi abnegación mexicana y me le lance a los brazos, no más bien fui yo quien lo abrazó, sin ningún reclamo, lloré, lloré mucho, pero ahora ya de gusto y liberando todo lo pasado. Lo revisé, lo desnudé para ver huellas de tortura, le revisé sus letritas y allí estaban, todas intactas, sí andaba en el parque tomando aire, ninguna duda. Ese olor a pasto húmedo en los pies, tan familiar. 

Solo que la selección de temas las traía en japonés. Entonces todavía con mucha adrenalina,  activé muy temerosa  y temblorosa el traductor y me encomendé a todos los santos de mi devoción, le di enter y reaparece en español, todo de nuevo.

Luego llegan algunos comentarios, de los blogueros amigos,  muy quitados de la pena, por los días que estuvimos con el blog descompuesto y otros que ni mucha cuenta se dieron, por sus tantas ocupaciones ¡Cuaz! Ahora la vergüenza, ¿cómo quedo yo con el equipo técnico de Blogger?, ni modo, a insertar mis disculpas,  mi I'm sorry muy ruborizado y lo más amable posible. Con palomita de la paz y toda la cosa, para ablandarles el corazón. Porque nadie tiene la culpa de mi delirio de persecución. Jajaja

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