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jueves, 24 de febrero de 2011

A golpe de azar


Germán es un hombre ¡Bueno, bueno! Con un actuar muy ético, que manifiesta en todos los ámbitos. Siempre presto a solidarizarse, con una condescendencia extra hacia los demás, quienes a menudo se han aprovechado de ello. 

Al concluir la Universidad, tuvo magníficas ofertas laborales, pues desde muy joven trabajó y estudió, acumulando una vasta experiencia. Ocupó varios puestos ejecutivos; hasta que hace 7 años, aceptó un puesto en un sitio enclavado en la Sierra Tarahumara, entre los límites de Chihuahua con Sinaloa. Accesible por avioneta, o mediante una travesía de 48 horas por tierra.

Le concedía la empresa venir a Chihuahua cada fin de semana. Sin embargo, por su alto sentido de responsabilidad, solo lo hacía una vez al mes. En una ocasión, que no hubo vuelos, por mal tiempo, decidió viajar por tierra. Asaltaron el autobús. Pero, superó el percance con facilidad.

Después, en otro viaje terrestre, les volvieron a asaltar y hubo varios muertos y heridos. A él lo golpearon y llegó a su casa en muy malas condiciones. Estuvo hospitalizado y con serios ataques de pánico, que le confinaban al encierro. Con el tiempo, superó la crisis y renunció a la empresa. Sin embargo, quedó muy sensible, sobresaltándose mucho,  ante situaciones imprevistas.

No consiguió empleo pronto, por su alto nivel curricular, porque superaba los 35 años y después de esa edad se dificulta bastante, encontrar nuevas contrataciones y porque no quiso correr más riesgos. Entonces, eligió por la docencia. Por sus cualidades, logró el cariño de sus alumnos, que se lo demuestran siempre.

En una preparatoria, pronto lo ascendieron a Director.  Hace una semana, se quedó solo revisando pendientes y al estar saliendo, a las 9 de la noche, escuchó a dos alumnas gritarle -¡Profe profe, no cierre! Llegaron corriendo, descalzas y en crisis. Las acababan de asaltar. De inmediato ingresaron los tres a la escuela. 

Los delincuentes las siguieron y a través de un enrejado introdujeron dos armas largas, profiriéndoles todo tipo de insultos y órdenes a Germán. El cubrió a las alumnas, quedando los tres recargados en el espacio, entre la escuadra que forman un muro angosto enseguida de la reja y el de un pasillo, que lleva a la entrada principal, sin posibilidad de desplazarse, pues solo en ese rincón quedaban fuera del alcance de las armas.  

Él, enfrentó a los malhechores casi cara a cara, tratando de disuadirlos, lo que no fue posible, pues se encontraban muy drogados. Entonces, llamó a la policía de su celular. Como es usual, la operadora de la Estación, le soltó una serie de preguntas inútiles y  absurdas, que sacan de quicio a cualquiera. Colgó y en un tercer intento logró solicitar ayuda.

Llegaron después de 15 minutos varias patrullas, con todo el preámbulo de sirenas, que  da oportunidad a la fuga de los asaltantes, quienes con toda holgura de tiempo, se fueron en el vehículo de una de las jovencitas.

Ellas en shock nervioso, no podían narrar lo sucedido. Ante lo que los policías permanecieron solo 2 minutos y se retiraron enojados, aduciendo que si no estaban dispuestas a colaborar, ellos no podían hacer nada y que no hicieran llamadas por estupideces.

Germán las estabilizó y llamó a sus familiares, para que fueran por ellas. Él regresó a su casa. No comentó nada a su familia, ni a nadie más.  

Al día siguiente, llegó a la primera escuela, algunos maestros quisieron bromear con él, como siempre. El marcó los límites de inmediato. A los alumnos que trataron de indisciplinarse, también de inmediato los reprendió.

Una semana después, al platicar con una amiga lo sucedido, es cuando se percata que había superado el miedo y su autoestima, que ya no estará dispuesto a ceder ante nadie, cuando él no lo desee, y que nunca antes se había sentido mejor. Expresó: “Soy una persona que merece existir”. A partir de eso, se convirtió en un hombre muy seguro de sí mismo.


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