Como fantasma condenado a flotar entre el cielo y la tierra; así, la imaginación deambula, en la inercia humana de ciertas épocas-opacas.
Y las palabras, sin importar que sean las más hermosas, se ahogan en la oquedad de la incongruencia y falta de sinceridad.
Suenan desabridas, triviales, paliduchas, muy superficiales. Porque salta, se nota la ruptura entre el sentir y el decir, aunque el paisaje y las condiciones sean espléndidas. Saben como una galleta dietética, cuando lo que se necesita es nutrirse.
Pero la imaginación insiste en buscar a alguien que se atreva a soltar su voz hasta desnudarse.
En ese acto, en ese instante, se desanudan, se desamarran y desencadenan los sentimientos y, se vuelven a concatenar las derivaciones del verbo amar.
La imaginación alcanza el cielo, elevada por el perfume de naranjo de un ambiente creativo.