Esa pasta que resulta de moler partes iguales de miel o azúcar y nuez (de cualquier clase), almendra, piñón, cacahuate (cacahuete, maní), pepita de calabaza... con canela, clavo, anís, vainilla... Posteriormente compactada en cuadros, círculos o cualquier forma, denominada mazapán.
Que también puede ser relleno de diversas cremas, chocolate, etc, horneado y confitado o recubierto.
Fácil de elaborar en casa o más fácil aún ; ) adquirirlo en una confitería especializada, exclusiva, fina.
O, también en cualquier tienda de dulces de barrio, como este que tengo aquí, de cacahuate, sencillo, sin hornear, sin relleno, de muy bajo precio (5 pesos mexicanos) , redondo, pequeño y que me implica la única dificultad de retirarle el celofán con cierta delicadeza, para no desmoronarlo antes de llevármelo en trocitos a la boca. Hay quienes prefieren morderlo.
Pero si se desmorona antes, hay remedio, con solo apretarlo con suavidad en el mismo celofán, se compacta de nuevo y listo, jajaja.
He tenido la dicha de comer mazapanes desde siempre, sin importarme conocer su origen. Pero hoy, después de leer un poco por Internet, doy gracias a los dulceros del siglo VIII de Medio Oriente (se dice que por documentos, se atribuye a los persas) quienes lo introdujeron en Europa, y luego los españoles a América. ¡Mmm!... El mazapán es una delicia universal, con textura única, interesante historia y muy larga travesía. Además con un nombre hermoso.
Traje en caja para invitarlos, con y sin cobertura de chocolate. Yo lo prefiero sin.