Con la diferencia de que hoy el pueblo está totalmente débil y disociado, que difícilmente se volcarían sus integrantes a derrocar a los nuevos comendadores. Porque ya el poder colectivo ha caído en absoluto desuso y obsolescencia. Entiéndase inexistencia.
Por más Laurencias y Frondosos que sufran, ¿quién lucharía por el honor de quién? Si el entusiasmo social ha quedado anulado también.
Sin embargo, a décadas de la primera vez que vi la obra de Lope de Vega, siendo casi niña, aún recuerdo que se me desbordaron las emociones y contagiada de indignación respondí como pueblo ¡Fuenteovejuna, señor! Como si fuera parte del elenco, a la pregunta de ¿Quién mató al Comendador? en que nadie delatamos a los responsables, en aquella plaza de mi ciudad donde montaron la obra.
Hoy celebra Google a Lope de Vega y aunque los sueños niños me persisten, las posibilidades son cada vez son más lejanas de ver a un pueblo unido luchando por sus derechos y logrando ser indultado. Si desde antes de iniciar cualquier movimiento social, es brutalmente aplastado.
