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sábado, 14 de mayo de 2022

La bella mulata de Córdoba

En Córdoba, Veracruz, México, existió una joven mulata tan hermosa, tan hermosa que todos se enamoraban al verla. Era imposible ser indiferentes ante sus encantos. 

Ella, por tradición familiar, aprendió herbolaria y se hizo muy famosa por sus excelentes remedios. Así que la buscaban  muchas personas para que los curará. 

El alcalde en turno, también se enamoró y como ella lo rechazó, despechado y cruel, la mandó a un calabozo de San Juan de Ulúa, acusándola de ser bruja y de que a él mismo "le había suministrado una pócima" con la que lo hechizó. 

Un día antes de su ejecución, por la Santa Inquisición, que no podía faltar en este tipo de crímenes tan atroces de la época, la mulata dibujó un barco en la pared, con un carbón que le consiguió uno de los carceleros.

Cuando fueron por ella para ejecutarla, ella le preguntó al personal, ¿qué es lo que ven en la pared? ¡Un barco!, dijeron.

Y ¿Qué le falta?...

Ella misma les respondió, falto yo. Se metió en el dibujo y desapareció de la celda en él. 

Esa tarde, de terrible tormenta, en que ninguna nave estaría navegando en esa zona del golfo, la gente vio como se internaba un barco en el mar, a partir de la citada fortificación. 

¡Allí iba la hermosa mulata de Córdoba!

...Tal vez conozcan está leyenda, hay muchas referencias por internet de ella,  pero yo acabo de conocerla y por eso la comparto aquí. 

jueves, 2 de mayo de 2019

Continuación de vaguedad

Y... resulta que la relación de Juana y Marino, se había enfriado bastante. Los 5 hijos pequeños y el sinfín de actividades de su crianza, salirse de trabajar para atenderlos, hizo que Juana dejará de ser la misma de la que él se enamoró. Aunado a más compromiso por parte de Marino en la empresa, para proveer lo que antes entre los dos... En fin, eso suele ser así.

Bueno:
Esa tarde Juana sintió una punzada en el corazón, esa sensación de inseguridad y desasosiego, al terminar de colocar las cortinas que acababa de coser, cuando la tarde, la llamó a contemplar la puesta de sol, espléndida, después de la llovizna, incluso había arcoiris.

Desde la altura de su departamento, pudo ver a una pareja radiante, encantadora que iba muy divertida.  Una pareja perfecta, abrazados y compartiendo paraguas. (Ni sé porqué, pues la lluvia era de ideas y no de agua, pero ya el lector cogió por ese rumbo y por ahí me voy yo también,  dócil me ajusto a su imaginación).  Suspiró Juana al verlos,  proyectándose a un pasado reciente, con su Marino.

Pero al observarlos, oh, oh, el encanto se disolvió... ¡Era él! Justo allí, por su calle. Su Marino con otra mujer. Y además bellísima. Juana se desplomó... o zapateó con rabia... o arrancó las cortinas y lanzó el jarrón contra la pared... o lloró. No sé qué hizo. Pero...

Ya se imaginarán el tango* cuando el susodicho llegó, "muy cansado de tanto trabajo", pero con brillo en los ojos, sonrisa boba, evasivo, sin hambre, blabla...  muy lejos de la facha y actitud de quien viene exhausto del trabajo. (Él nunca imaginó que la linda señorita vivía a la vuelta de su casa y menos que Juana, siempre saturada con sus labores, fuera a descubrirlo en su mágica aventura).

* Nota: No tenía continuación, pero el comentario de María Cristina dio pie, por eso asterisco en la palabra tango, pues ella es de Argentina. Y ya, que cada quien le dé el final de su elección, porque conociéndome, ¡yo los divorcio, que ya me siento indignada con el hdp Marino!!
: )

miércoles, 24 de octubre de 2018

Dibujado

Afuera veo el contorno de un hombre que espera. Ahora fuma. El humo lo envuelve, en nubes que delinean su figura y desaparecen en ascenso. Luego, son olas que salen con suavidad y van cobrando fuerza, hasta azotar contra el perfume que acerca a la mujer dueña del taconeo-contoneo, que dibuja la sonrisa de él, hasta iluminarle toda la cara. Es más apuesto de lo que yo lo intuía a partir del simple contorno.

Toma el cigarrillo con los dedos índice y pulgar y, a golpe de su dedo cordial, lo lanza y chispea al tocar el suelo.

La dama lo besa, y a él se le configura todo el cuerpo. Nada me queda por imaginar. Lo ha llenado de vida.

Comienza a llover, antes de que piense "es lindo ver llover y no mojarme" y de empezar a beber el café, me caen gotas de agua en mi mano, que parece de tiza, porque... Miro al techo, allí está la gotera; miro mi mano y se ha borrado parte de ella. Es chistoso, me quedó: Muñeca-un hoyo-parte de algunos dedos.

Miro a la pareja, abrazados se van derritiendo y se los lleva la corriente, hechos una mezcla de colores.

El cristal se empaña. El camarero se disculpa, me ubica en otra mesa y me entrega una servilleta de tela, con un gesto sugerencia muy discreto de que me seque la mano. Dudo, porque temo borrármela por completo. "Con suavidad, usted verá... eso pasa a menudo", me dice y le creo.

Lo hago, con un contacto tan tímido como un aleteo de mariposa y mi mano reaparece. Qué alivio. Increíble volver a sentirla completa. Las manos siempre  puestas y ni caemos en cuenta de sentir cómo es  traerlas, allí, al final de los brazos.

Algunos comensales salen y los trasladan en canoas previstas por la fonda para estos casos. Pregunto el precio del servicio. No me completo. Mejor pido la carta para almorzar en lo que escampa.


sábado, 24 de marzo de 2018

Diálogo serrano

- ¿Qué es el viento?
- Es cuando el cielo sopla.
- ¿Está enojado?
- ¿Por qué lo crees?
- Porque quemaron el bosque. Sopla muy caliente y bufa.
- Bufan los árboles... El cielo no se enoja.
- ¿Porque allí está Alma Grande?
- Sí. Por eso.
- Quiero que se meta a bañar Alma Grande... y apague las llamas.
- Cántale, para que lo haga.
- ¿Y su agua me cura este enojo?
- Desde que le cantes.

Madre e hijo cantaron. Llovió y se apagó el incendio, al niño se le curó el enojo y a la madre la tristeza.