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domingo, 16 de marzo de 2025

Desconocida

 



Controla, 
controla, 
controla, 
todas las emociones, 
todas las reacciones.
Esto es un asalto al
pensamiento. 
Imprevistos e imprevistos 
cada vez más 
frecuentemente.

Y atacan
y lastiman
y asaltan. 
Matan la seguridad
y desechan la autoestima
hasta del más seguro
y paciente.

Maraña de sinrazones
Nada al gusto
o a la medida
de las necesidades 
de las personas
todavía pensantes 
y sintientes, 
como me considero yo. 

La lógica, el sentido común, lo práctico, lo útil, lo amable, lo flexible, lo accesible, lo factible, lo rápido ¡Ya no existe!

"Pague y luego alega"
"cumpla y luego demanda"
"obedezca y no discuta"
"acepte y cállese"
"no hay excepción"
"no entiendo que es lo que quiere"
"no hay"
"no se puede"
"no existe"
"venga después"
"por qué no vino antes"
"debió fijarse cuando pactó"
"no se altere" 
"no me grite"
"regrese en 45 días"
"tome su turno"
"sin cita no puedo atenderlo"
"allá está la fila"

Soy una desconocida, 
inestable y desequilibrada, 
cada vez que debo 
resolver cualquier asunto
de lo más común e
insignificante, 
que antes con una llamada
telefónica arreglaba
en un instante
o con un breve acudir
a cualquier oficina. 

Me estrello con un mundo
de inoperancia
que no comprendo 
y me tensiono
y me bloqueo 
y me cuesta mucho
recuperarme
porque logran 
que me sienta estúpida,
imbécil, analfabeta, incapaz,
aunque no lo sea. 

jueves, 30 de noviembre de 2017

Nos alcanzó el destino

Ya el automóvil guía por mí, me quitó la tarea de saber por dónde y a dónde voy. El GPS quedó obsoleto. Conducir también. Conservo mi licencia de recuerdo. Adiós estrés por el tráfico y esas vulgaridades de la antigüedad. En los trayectos puedo hacer otras cosas.

Internet hace mi trabajo, me organiza los días, agenda mis citas, me recuerda compromisos, toma decisiones y con él accedo a lo que sea en donde sea, a la hora que sea.

Se acabaron las filas en bancos y oficinas repletas de gente, qué asco era todo aquello, cuando veía gente, ya todo lo hago online.

Nancy, la robotina que me regalaron en mi cumpleaños, se encarga de todo el trabajo que no hace Internet, o ahí se ponen de acuerdo entre ellos, no necesitan consultarme. Cuida y educa a mis hijos, atiende a mi marido y a mí. Es maravillosa, todo lo realiza en tiempo y forma.

Le regalaremos  para Navidad
sus mascotas robots que tanto desea. Más higiénico que los monstruos peludos que había antes, que no paraban de ladrar y molestar. Si no la complacemos, de todas formas ella lo ordenaría al fabricante, pues es quien administra todas nuestras cuentas.  Pero queremos darle la sorpresa. Nancy, todo un personaje, la creen la señora de la casa. Creo que lo es, además es tan guapa.

Todo lo automatizamos, para hacerle las tareas más prácticas a Nancy. Ella configura toda la tecnología que en cuanto surgen en el mercado, compramos para estar al día. Renovarse o morir.

Hace un año que no he tenido que salir de la cama. Y no sé qué hacer, ni cómo se hace. Tampoco puedo pensar en algo, lo que sea, hace días, semanas, ¿meses? que tengo la mente en blanco, no sueño, ni dormida ni despierta, quisiera aunque sea tener alguna pesadilla. Aburrida. Hastiada. Deprimida. Y muy gorda.  Obesa me dijeron los especialistas mundiales en la consulta en línea, de inteligencia artificial por supuesto, con Nancy. Los médicos humanos ya no existen. Últimamente ni mis hijos clones me soportan el carácter. Iré al trasplante de células, o al cambio de chip de salud permanente, para volver a quedar perfecta, no sé para qué, a mi marido ya solo lo veo en pantalla. Odio este vacío. Buscaré alguna nueva  aplicación para sobrellevarlo. Todo estará perfecto. No pasado, no futuro, solo presente, como tanto insisten e insisten ¿Para qué estaré perfecta?

jueves, 7 de agosto de 2014

El objeto



Mientras su madre rogaba a la directora del colegio, para que fuera aceptada a mitad de curso, debido al cambio de ciudad; Myrna, de 9 años, recorre visualmente la oficina, insistiendo en un objeto que le intriga.

La directora, interrumpe el diálogo con la madre:

- ¿Quieres saber que es, Myrna?

- ¡Sí! ¡Sí! ¡Por favor!

-¡Ven, acércate! La directora introduce una hoja y teclea: Myrna Estella Montes Abundis, eres una chica muy inquieta e inteligente. 

Myrna con los ojos chispeantes, agradece y exclama: - ¡Guau! ... ¡es una computadora que va imprimiendo todo en el mismito momento! La acaricia, la mira por todos lados…Y sin cables, con sus letras en escalerita, ¡qué linda es, yo quiero una igual!

- Es una máquina de escribir mecánica, Myrna. Se usaban antes de que existieran las computadoras, mucho antes de que tú nacieras, incluso, antes de que tu mamá naciera. Yo la he dejado como una reliquia y porque en ella escribo mis cosas personales, para no distraerme con el internet.

-¡Yo quiero una! ¡Yo quiero una! ¿Me enseñaría...  usted.... a usarla?

-¡Claro! Pero… en estas, si te equivocas tienes que borrar tú. Hubo otras, eléctricas con una función automática para borrar.

-No, no… es mejor como esta,  manual,  no me gusta equivocarme… no me equivocaría. Mami… ¿me comprarías una?... Me permite maest…

-¡Por supuesto Myrna, escribe! Bueno, señora:  ¡su hija está aceptada!

 
 *2014, verídico.