-¿Qué hacen con la azucarera en el jardín? –Interrumpiendo
las “labores” de los niños-
-Ah! Le estamos ayudando a una hormiga muy linda.
-¿A qué le ayudan?
-Dio con la azucarera… En cuanto probó lo rica que está,
vino a compartir la noticia con todas. Todas quisieron ayudarla y ella les dijo
que sí, que sola no podría, ¡jamás!
Vimos que les quedaba lejísimos la cocina y por eso…
-Y… ¿A aquella hormiga, grandota, que lleva esos pedazos de
ramitas sola, no piensan ayudarla?
-Veremos que deciden las hormigas… Mmm… yo creo que la vamos
a apedrear.
-Pero, por qué, si está trabajando mucho… y se ve tan
fuerte.
-Por eso.
-¿Por eso?
-Sí… por egoísta y envidiosa.
-¿Por egoísta y envidiosa?
-Sí, ¡por eso!... Ni pidió ayuda, ni avisó que encontró esos
materiales a nadie… está haciendo su
casa para ella sola… Ni siquiera
se ofreció para ayudar a las chiquitas en su problemón de cargar tanta azúcar,
desde la cocina. Además, bien se ve como es de presumida y burlona. Vela… Fíjate
bien, acércate para que le veas la cara que pone, muy superior, mira por
encima a todas... ¡pobrecitas!
A ésa, al rato la apedreamos…