Con el permiso de Sun Tzu...
Un tablero de ajedrez, con todas sus piezas en posición.
Un niño vigilando la puerta de la habitación.
Un niño árbitro, contador y recolector.
Dos niños en posición de arranque. ¿Listos? ¡Fueraaa!
Lanzamiento de peones, alfiles, caballos, torres, reyes y reinas, sobre el cuerpo del contrincante, respetando partes vitales y prohibido llorar. El primero que termine con sus piezas y atine la mayor cantidad sobre el contrincante, es el ganador. Festejan con fanfarrias, corriendo y brincando alrededor de la mesa que sostiene el tablero, o según, Pero a tiempo de que el encargado de la vigilancia de la puerta, desde su atalaya diga sigilosamente, eh, ahí viene, ahí viene.
Entra la señora con vasos de limonada y palomitas. Cuando ya todo está en total orden y aparentan que están iniciando la versión clásica de partida de ajedrez.
La señora los vuelve a dejar solos y retoman su versión de competencia...
Luego de muchos relevos, terminan recogiendo y comiendo las palomitas desperdigadas por doquier, exhaustos, entre caballos, alfiles, torres y reyes, a medio morir.
Jaque mate.
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lunes, 25 de marzo de 2019
martes, 17 de octubre de 2017
Palomitas de maíz
¡Plof, plof...
qué ricas son!
Muy larga
es su historia,
desde hace miles,
miles de años
y su lista de nombres,
según la región.
A mí
con mantequilla,
chocolate
o caramelo,
con chile
o queso chédar.
También solitas
con poquita sal,
pero contigo,
más a todo dar.
Palomitas
de mi corazón.
Plof, plof,
¡Qué ricas son!
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