Ya regreso, amigos.
Estoy. Sigo. No me he ido.
Abrazos... de anís estrella.
Cada vez le tengo más miedo a los vivos.
Montaña y yo,
frío y yo,
nubes y yo,
aves y yo.
Desde lo alto, luce la ciudad quieta y amable, como casi no es.
La inmensidad abarca al frío, a las nubes, a las aves y suelta al yo, que de inmediato llega al fondo y se desinfla.
Feliz incidente, que al desaparecer el yo, sacó al alma de lo recóndito, para apreciar la inmensidad de la existencia, sin estorbos de yoyismo.
***
Lo atraparán. Ten confianza en la policía cibernética. No hará más daño. Hace falta que otros más denuncien.
Una sola persona no te alejará de todos tus amigos que tienes y que has cultivado en 18 años, incluyéndome también.
"Una golondrina no hace verano."
En algún momento buscamos o deseamos la soledad, siempre y cuando esta sea temporal.
La condición de soledad, nos enfrenta con la voz interior, conciencia, otro yo. Algo muy necesario, pero es muy angustiante estar solos en el mundo.
Cierto es que solos nacemos y solos morimos, pero aunque el acto en sí sea de uno mismo, en el primero tenemos a mamá, al médico, a la partera. En el otro a los seres queridos, algún hijo, amigos, personal médico. No estamos totalmente solos al nacer y al morir. Ellos nos acompañan en el proceso.
Estar solos en la vida es muy deprimente, devastador. Muy pocas personas se conservan sanas, estando absolutamente solas.
Hay circunstancias por las que cualquiera puede quedarse solo en el mundo. Propongo que seamos más empáticos, piadosos y compasivos con quien sea, sin distinciones, porque tal vez un buen gesto, un mimo, puede hacerles/hacernos el día. Caras vemos, soledades no conocemos.