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viernes, 31 de julio de 2026

La tercera y última parte

Ni desolada, ni traicionada, ni vulnerable. Nada de eso estaba la mujer que antes fuera muñeca. Estaba simple y llanamente sola. Soledad total, sin amigos, sin familia, sin nadie que pudiera extenderle la mano para salir de ese valle oscuro. Solo el silencio fue su aliado, quien le golpeaba en el pecho la manera tan absoluta en que se entregó a todas las personas que creyó que lo merecían y le aparecía en su mente, cada instante crucial en un sinfín de distanciamientos y rupturas. 

Durante muchos años contó con alguien incondicional y que la mujer creyó que sería para siempre. No estoy hablando de un hombre, ese tipo de dolores ya eran cosa pasada y mínima a comparación. No, nada de abandonos o rupturas amorosas, eso fue mientras era muñeca. Esta vez se trataba de una compañía muy superior, más que amistad, más que familiar. 

Sintió que esa persona la defraudó y fue lo que la sumió en ese valle de negrura cruel. Pensó que nada había valido la pena, pensó ¿Para qué tanto andar? 

Lloró, todo lo que se puede llorar durante ocho meses. Las lágrimas le brotaban hasta por un buenos días, por un perro que se atravesara en la calle o por el canto de algún pájaro aburrido o sediento. Por cualquier pretexto. La tristeza la envolvía. 

El silencio que fue tan cruel, porque propició que su mente corriera a velocidad vertiginosa, fue su salvación. Concluyó que ella había hecho lo correcto. Amar, querer, apreciar, dar, sin ninguna medida, ni condición, recibiendo nada a cambio. Nada. ¿Nada?

¿Qué más necesitaba, si quedaba ella? Una mujer hecha y derecha, completa con su corazón intacto, increíblemente, después de la hecatombe, del desfile de personas que no la valoraron. Habrá muchas más personas que puedan merecer su aprecio, su amor, si acaso vuelve a querer a alguien más que a ella misma, que siempre debió ser primero que todos y no lo hizo. Priorizó a los demás, antes que a ella, porque pensaba que así debía ser y que todos lo hacían igual. 

Una noche, en que seguía llorando, escuchó a Eva, su amiga, quien desde hacía años estaba muerta: ¿Que te pasa, muñeca, no llores más? Eva, una segunda mamá, la consoló desde no se sabe dónde. Eva, la que le decía "muñeca". Allí fue cuando la mujer, salió de la oscuridad. 

-- ¡Temblad, malditos!, como dijera el buen amigo Artur en su comentario en la entrada anterior del blog; que la mujer, antes muñeca, ya nació. 

Creer o no creer. 

Personaje ficticio o la que lo escribió. Cada quien saque su conclusión.  Tienen esa libertad. Tienen permiso hasta para entrar en la circunstancia. 

Fin. 

sábado, 13 de junio de 2020

Más infantil que qué


Tropezó el niño, con sus brazos llenos de juguetes. Obviamente,  no los iba a soltar por detenerse.

Por eso, su corazón se volcó y al rodar, se le abrió su tapadera, dispersando todo su contenido.

Rodaron, brincaron, volaron todos los cariños y amores de ese niño, por el mundo entero, hasta tocar e iluminar las vidas de las personas más sensibles,  que por cierto ya estaban de manos caídas y esperanzas esfumadas.

Pronto se reincorporó el niño con sus manos y corazón bien llenos, aunque una basurita en los ojos, le hizo derramar unas cuantas  lágrimas, que fueron vida para aquellos otros que sufrían.

La magia de la vida así funciona. Un masmenos en cadena.
Un bajaysube, subeybaja.
Un correquetealcanzo.
Pero nunca sueltes tus juguetes. Luego qué te podría ayudar a levantarte.

martes, 22 de abril de 2014

Las aburridas

Mis muñecas eran muy aburridas. Solo les gustaba presumir y lucir. Me pedían que las peinara y les hiciera muchos vestidos, pero jamás quisieron acompañarme a jugar con los niños del barrio. ¡Uy. Uy! No fueran a ensuciarse y eso. Yo les insistía, ¡Cómo no, si eran mi orgullo! pero nunca fueron conmigo y hasta llegaron a crearme problemas, por ejemplo:

A mi amiga Alma, su papá le prohibió juntarse conmigo, a partir de una tarde que fue a recogerla a mi casa y él me preguntó:

-Saldi: ¿Cómo se llama esa muñeca tan linda?

-Ah! -yo bien orgullosa. -Esta señor, que es la que más quiero, se llama La Güera Rodríguez y me la mandó mi tía de Los Ángeles.

Y nomás por eso, se llevó a Almita, para nunca más dejarla juntarse conmigo. Nunca entendí que le pasó, si mi papá era tan atinado, para ayudarme a escoger los nombres, de todo. Mi muñeca era igualita a esa foto del enlace. Tuve una Paloma, una Violeta, un muñeco que se llamaba Panchito, en honor a Pancho Villa

Por cierto, hace poco me topé con Alma, charlamos un poco y de lo primero que me preguntó, fue por La Güera Rodríguez, que ¡le encantaba!! Me dijo que ya no la dejaron juntarse conmigo, "porque mis papás tenían ideas muy raras y que yo era muy chirota."

Bueno... ellas -o sea mis muñecas- se aburrían de inmediato, lo bueno que eran muy complacientes, cosa que siempre les agradecí. Pues, yo las invitaba a jugar e invariablemente me decían: ¡Ve tú, ve tú! yo las dejaba lindas y muy sentaditas en la ventana, desde donde pudieran alcanzar a verme jugar. O dormidas, porque eran bastante holgazanas.   Entonces, yo me iba corriendo a jugar con los amiguillos. 

Y Alma, está tal como la recuerdo de niña, cuando "muy señora", ella sí jugaba con sus muñecas toda la tarde... Quizá las suyas no eran tan aburridas como las mías.

A ver si luego les cuento de los sabores más ricos, que era lo que hoy iba a platicar, pero se me fue el avión p'otra parte.