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miércoles, 5 de agosto de 2026
Hay lugares
sábado, 18 de julio de 2026
Muñecas
domingo, 29 de marzo de 2026
Maculí
viernes, 20 de febrero de 2026
Calle abajo o arriba
jueves, 8 de mayo de 2025
Me canso
jueves, 10 de abril de 2025
Apariencias
miércoles, 22 de enero de 2025
Luz natural
Cuando me he quedado en penumbras, he sentido angustia al ir tanteando por lo que pueda iluminar. Y aunque no sucede con frecuencia, procuro tener accesible algo con ese fin.
Conviene tener siempre en un lugar fijo, una lámpara de pilas o de combustible, velas, encendedor o cerillos. La linterna del móvil es muy útil, (*Importante: Nunca quedarse sin un mínimo de luz, que nos permita encontrar el camino).
Ahora, previniendo más, también tengo a la mano, un frasco abierto de luciérnagas, que suman su efecto luminoso en caso dado. Ellas están dispuestas a servir a cualquiera que las necesite. Por ello, las pongo a su disposición.
Para otras oscuridades, recordar que:
Perro que ladra, no muerde.
Mientras más vacío está el cántaro, más ruido hace.
Quien más atemoriza, es quien más miedo tiene.
La unión, hace la fuerza.
El más débil, aparenta ser el más temible.
Nada puede contra el amor verdadero. Hoy es tiempo de practicarlo y fomentarlo.
Si tiene remedio, no te preocupes. Si no tiene remedio, no te preocupes.
sábado, 17 de agosto de 2024
Saber vivir
lunes, 23 de octubre de 2023
Estar bien
que cuando estamos bien,
miércoles, 15 de marzo de 2023
Poema hastiado
lunes, 14 de marzo de 2022
Tomara que tú viera
sábado, 8 de enero de 2022
Funambulismo
domingo, 26 de enero de 2020
Mi gallo, fin de la historia
Casi al anochecer, llegó un niño, de entre 11 a 13 años, recién bañado, muy perfumado, impecable y propio.
- Buenas tardes, soy César, me dijo mi tío que tiene un gallo.
- ¿Tú? Yo pensé que vendría...
- Alguien mayor... No, yo crîo gallinas, señora y me hace mucha falta un gallo. Démelo a mí, por favor, por lo que más quiera en este mundo. Lo voy a cuidar muy bien. Confíe en mí. Dónde está.
Por sus ruegos, pensaría que había otros candidatos a dueño.
- Claro, claro. Será tuyo. Vamos a buscarlo, por aquí anda, a ver cómo lo atrapas, está muy arisco, se ha llevado varios sustos. Si lo ofrecí... a un señor que vive por... Quedó de mandar a sus hijos mañana por él.
- No, señora, con él no es conveniente. Se le escapará. No cuida a sus animales. En cambio yo... Le aseguro que lo cuidaré como nadie.
- Además, en una granja que está... (Continué, ya saben, probándolo).
- Nooo, por nada, allí ni lo piense, esos son galleros. Lo harán pelear y si no tiene suerte...
Pense: Es el dueño que necesita Diógenes. Para esto, yo ya sabía el nombre del gallo.
Buscamos por todas partes y nada de gallo. Al fin, después de mucho, me dijo muy bajito y gustoso:
- Ya lo vi, ya lo vi, allá está... arriba, mírelo.... Aaah, es muy hermoooso y fino. Uh... Es increíble, señora, se lo voy a agradecer siempre.
El gallo estaba arriba de un árbol, ya con su pijama puesta y terminando de rezar a su ángel de la guarda, casi por dormirse.
El niño subió, pero el gallo voló hacia los columpios, luego a la parte superior de un resbaladero.
Entonces planeó: - Yo subo los escalones muy despacio, para que no me sienta, pero si vuela, usted lo atrapa desde acá. Llego rápido y entre los dos ¿de acuerdo?
- Sí... muy bien, fácil. Así le hacemos. Yo lo atrapo por acá ¿Cómo? Sí, yo puedo. Muy fuerte lo agarro y listo...
Pero el animalazo, sacó de no supe dónde, unas alas tamaño de halcón y me sobrevoló, que ni en sueños, le hubiera alcanzado a tocar una sola pluma.
A partir de allí. A correr calle arriba, calle abajo, alrededor, porque está en círculo. Más corriendo el niño y más gritando y estorbando, yo, que poder empatar las velocidades de ellos.
El gallo, se nos(me) escapaba por el piso, por el aire, en nuestras(mis) narices, entre nuestras(mis) piernas, de árbol en árbol, de casa en casa. Y cuando ya lo perderíamos en el hocico de un perro que lo esperaba detrás de su barandal... el niño se lanzó como jugador de fut americano y logró aferrarlo de la cola. Dejando al perro, furioso y a mí brincando y aplaudiendo.
Con enorme sonrisa, muy triunfante, mi niño campeón, vino a mí con su gallo, el cual ni pío le dijo, siendo que a mí me decía y gritaba de todo, en días pasados.
César lo acarició y le habló con tanta suavidad, que Diógenes fue desacelerando su corazón, hasta tranquilizarse y nosotros también. Celebré su osadía y me respondió con tremendo estilo:
- Como si hubiera tenido que pelearme cuerpo a cuerpo con el perro, por salvarlo.
El niño, me agradeció y me bendijo muchas veces, me besó las manos. Nunca nadie me había agradecido así algo. Luego, se disculpó por retirarse tan pronto, "porque todavía iba a ordeñar." Su rancho, está muy lejos de mi casa.
Me contó que él mantiene a su madre y a sus hermanos. Un niño hecho hombre, encantador y muy formal, al que vi alejarse derrochando felicidad, con su gallo giro, dormido en sus brazos. Un momento glorioso.
miércoles, 22 de enero de 2020
Mi gallo, continuación 2a. parte
Los "fascinantes" niños, los perros, los gatos, los vecinos corredores de la fórmula 1, los que vagan, juntaron muchísimos peligros para un solo gallo, el que por más serena que lograra llegar a él, no me permitía acercarme, más allá de su "ahí déjame el banquete donde me entere, sin que me asustes".
Ah, por cierto... ya se presentaba a mi casa, a las 17:00 en punto, a indicarme que era hora de comer, con un yo tan sólido y determinado, que era imposible no atenderlo. Muy bravo y exigente con su única amiga, dispuesta a solapar sus desplantes. Y yo, encantada ¡Para eso me tenía!
... Antes de dormir, pensaba en el gallo, al despertar, el gallo... cuando me iba, cuando regresaba, ubicando siempre dónde andaría, por sus quiquiriquís y la alharaca de su renegar, por todo su amplio territorio libre y emergente. Y yo, queriendo por todos los medios, su supervivencia.
Luego, llegó el fatídico pronóstico de posible nevada en la próxima semana. Otro peligro sobre la misma fragilidad de su ser y de mi corazón, consciente de su circunstancia.
Por eso, en cuanto amaneció el sábado, me fui a buscarle un mejor sitio de hospedaje. Visité varias granjas, no muy lejanas, segura de que encontraría a su dueño, quien muy afable y renacido, recibiría mi noticia del paradero de su gallo. Me invitaría a pasar a su casa, quizá a tomar café... Me presentaría a su familia... antes de acompañarme a recoger a su gallo y quedaríamos amigos por siempre.
¡Ja!, pues no. A donde me presentaba, me revisaban de pies a cabeza, de cabeza a pies, con reprobación, con esa mirada y esa sonrisa de burla que se siente y que cala... "De dónde dice que viene, qué gallo, por qué supone que es de aquí, etc." Yo les exponía que peligraba mucho su vida, que tenía mi alma en vilo y que deseaba ponerlo a salvo, una y otra vez, ante caras de estupefacción.
Muchos, me cortaron de tajo, dándome el portazo en la nariz, como se dice. Y otros abiertamente me dijeron, está loca, vaya y cocínelo. Acaso no tiene mejor cosa qué hacer.
Me fui desanimando y muy triste, alicaída, desmadejada e incomprendida pensaba ¿Por qué me sucede a mí, lo de ese gallo, en un mundo de compradores de pollos de supermercado? ¿Qué haré? No soportaré su muerte en cualquier momento.
(Continúa...)
sábado, 26 de octubre de 2019
Ojalá fuera inmortal
Porque soy mortal, haré o no haré. Sin sentir un mínimo remordimiento de mecerme en mi hamaca un minuto, un día o una era, simplemente.
No busco agradar, ni aplausos, ni trofeos, ni condecoraciones. Mis afanes ególatras de notoriedad, han muerto desde hace muchos años. He aceptado mi pequeñez.
Mi contribución al mundo ha sido y será, ejercer en pleno mi libertad de vivir, sabiendo que soy mortal.
Si sirve, me alegrará. Si no causa ningún efecto, no importa. Yo no busco el cielo. Vivo en él.
jueves, 17 de mayo de 2018
A caminar
Yo no supe qué decir, por más que lo pensé y solo salí del paso.
Pero, ahora me acuerdo de que soy no sólo buena, sino muy buena para caminar. Me gusta. Prefiero ir caminando a lo que me queda accesible... y a veces, a lo lejano también.
Extraño a María, una amiga que tuve en la edad de la secundaria que vivía por mi casa. Salíamos a pasear al centro de la ciudad, conseguíamos con las mamás dinero para los colectivos.
Pero, decidíamos irnos caminando, para con ese dinero mejor comprarnos unos helados. Qué placer, Una hora y media aprox. de ida, todo lo que caminábamos en el centro. Antes íbamos por Ana Rosa, porque había que pedir permiso a su tía que era extremadamente estricta, pues los papás de Ana vivían en un rancho y la tía se trajo a tres sobrinos para darles estudios. Hoy entiendo lo loable de su responsabilidad y su preocupación de que no les sucediera nada malo, cuando entonces nos caía re mal.
Y la teníamos que acompañar de regreso, para entregarla a la tía... ¡qué lata! Pero Ana bien lo valía, ella vivía más allá del centro. Otros 15 minutos.
Luego el regreso nuestro, antes de las 21:00. Si se nos hacía tarde, dos cuadras corriendo y una caminando. Pero llegábamos puntuales.
A veces íbamos, caminando a caminar, a La Deportiva, un parque lejos de casa. Foto al final.
Cuántos chismes, ilusiones sueños y planes en esas caminatas... Imagínense en la edad de la punzada. Que si me gusta Fulanito, que si Perenganito, que si qué estudiaremos, etc. jaja.
Invité a un amigo que vive en Madrid a que fuéramos a caminar. Imaginariamente, claro, cada uno en su lugar, pero juntos. Y me respondió que sí, pero siempre que fuera con rumbo definido.
Me quedé triste, porque "Caminante no hay camino... " y porque me gusta ir a caminar, por decir, una o dos cuadras como plan y terminar yendo a kilómetros, que de regreso duelen los últimos pasos antes de llegar a casa y claro, siempre en el camino de regreso, un helado de premio. Acá les decimos nieve a los que sirven en cono (barquillo) y paleta helada, a las que tienen palito.
¿Quién se apunta? ¿Vamos?








