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viernes, 30 de mayo de 2025

El ridículo

(Otra entrada apaga fuegos, relax y de anécdota personal, con invitación a quien quiera contar algo ridículo que le haya sucedido).

Va:

Soy tímida, ¡mucho! Me cuesta demasiado asistir a actividades donde no conozca a nadie. También tengo pánico escénico. Aunque, puedo sobreponerme y hacerlo cuando es necesario. Ah, y soy zurda, dato importante porque a menudo me confundo con "izquierda" y "derecha"... *Aclaración, solo en movilidad. En ideología seguiré siempre en mi extremo. 

Aquí la historia:

Hace tiempo fui a una entrevista para obtener un empleo. Al llegar a recepción me indicaron que sería en "x"piso superior, en la puerta de la derecha, que por nada fuera a entrar a la izquierda. 

Claro, como imaginarán abrí la puerta izquierda y... (Música de suspenso, redoble de tambores).

Entré a un auditorio repleto, justamente al escenario, al lado del expositor, con todos los reflectores encima. La cara, el gesto y la actitud que tuve, hizo que los asistentes rieran a carcajadas. 

Pude haber salido despavorida, pero no lo hice. 

Sino que les dije, "y eso que el chiste todavía no lo cuento". Y les conté un chiste infalible del paracaídas. Hice caravana y salí, con  aplausos, abrazo del expositor y todo. (Lo recordé por la cara de poema de personaje famoso de la semana pasada... Tal vez si supiera el chiste del paracaídas hubiera salido bien parado del paso). 

El expositor se portó de lo mejor (supongo que estaría empezando su ponencia y le serví de "rompehielo" y salí airosa de mi mal paso). 

Allí, superé el miedo a hacer el ridículo. Y seguí haciendo ridículos en muchos lugares de diferentes formas, con gran desfachatez, de diversas formas, sin miedo. Aunque sigo siendo muy tímida. 

Y por supuesto, ese pequeño detalle hizo que ni siquiera me recibieran para la entrevista. Pero bueno, yo bajé riendo y ya en la calle todavía tardé en poder dejar de reír. 

Ya saben la respuesta al ¿Cómo te fue? 

"De maravilla, pero no me recibieron".

*Se vale reír. E invito a contarnos algo ridículo que les haya pasado.


viernes, 24 de enero de 2020

Mi gallo, continuación 3a. parte

Casi resignada a lo que no me iba a perdonar jamás y harta de tanto desaire, como por no dejar, le pregunté a una mujer que estaba saliendo de su casa y con pinta de tener buen corazón, si conocía a quién pudiera tener gallineros cerca.

Cuando estaba por negarse a hablar conmigo, llegó un hombre, al que le dijo: La señora anda buscando quien quiera un gallo... haciendo un gran esfuerzo por contener la risa, por mi "ridículo" interés por ¡Un insignificante gallo!.

"Deberá estar mal de la cabeza", intuí que pensaban.

El hombre, sí se rió abiertamente.

- ¿Por qué no se lo ha comido, señora?, me dijo.

- ¿Qué, qué, cómo cree que yo cometería ese asesinato? Le respondí.

- ¿No me diga que no come pollo?

- Sí, pero, cara de qué me ve. No sería capaz de... Y pase mi mano por el cuello, horrorizada.

Después de divertirlos a sus anchas, y no se crean, yo también, me dio las señas para encontrar a quien probablemente lo querría. Fui, pero no lo encontré.

De regreso, localicé al hombre que mmírefirió con el otro y lo obligué a que me prometiera que él le avisaría.

- Dígale que se apure, porque peligra mucho ese gallo. Entre perros, gatos, niños, gente, carros, nevada...

- Tranquila,  yo le digo, hoy mismo le llamo. De seguro va a buscarla...

Por el retrovisor vi lo divertido que se quedó, con mi proceder. Y aunque no lo crean, yo también me reí de mí. De mi empeño utópico.

(Continuará...)

miércoles, 22 de enero de 2020

Mi gallo, continuación 2a. parte

(...Viene del anterior)

Los "fascinantes" niños, los perros, los gatos, los vecinos corredores de la fórmula 1, los que vagan, juntaron muchísimos peligros para un solo gallo, el que por más serena que lograra llegar a él, no me permitía acercarme, más allá de su "ahí déjame el banquete donde me entere, sin que me asustes".

Ah, por cierto... ya se presentaba a mi casa, a las 17:00 en punto, a indicarme que era hora de comer, con un yo tan sólido y determinado, que era imposible no atenderlo.  Muy bravo y exigente con su única amiga, dispuesta a solapar sus desplantes. Y yo, encantada ¡Para eso me tenía!

... Antes de dormir, pensaba en el gallo, al despertar, el gallo... cuando me iba, cuando regresaba, ubicando siempre dónde andaría, por sus quiquiriquís y la alharaca de su renegar, por todo su amplio territorio libre y emergente. Y yo, queriendo por todos los medios, su supervivencia.

Luego, llegó el fatídico pronóstico de posible nevada en la próxima semana. Otro peligro sobre la misma fragilidad de su ser y de mi corazón, consciente de su circunstancia.

Por eso, en cuanto amaneció el sábado, me fui a buscarle un mejor sitio de hospedaje. Visité varias granjas, no muy lejanas, segura de que encontraría a su dueño, quien muy afable y renacido, recibiría mi noticia del paradero de su gallo. Me invitaría a pasar a su casa, quizá a tomar café... Me presentaría a su familia... antes de acompañarme a recoger a su gallo y quedaríamos amigos por siempre.

¡Ja!, pues no. A donde me presentaba, me revisaban de pies a cabeza, de cabeza a pies, con reprobación, con esa mirada y esa sonrisa de burla que se siente y que cala... "De dónde dice que viene, qué gallo, por qué supone que es de aquí, etc." Yo les exponía que peligraba mucho su vida, que tenía mi alma en vilo y que deseaba ponerlo a salvo, una y otra vez, ante caras de estupefacción.

Muchos, me cortaron de tajo, dándome el portazo en la nariz, como se dice. Y otros abiertamente me dijeron, está loca, vaya y cocínelo. Acaso no tiene mejor cosa qué hacer.

Me fui desanimando y muy triste, alicaída, desmadejada e incomprendida pensaba  ¿Por qué me sucede a mí, lo de ese gallo, en un mundo de compradores de pollos de supermercado? ¿Qué haré? No soportaré su muerte en cualquier momento.

(Continúa...)

lunes, 20 de enero de 2020

Mi gallo

De buenas a primeras, pasó un gallo ante la puerta de mi casa. "Eeeh, y ese,  de dónde será... Ya vendrá su dueño por él", pensé.

Muy orondo, se paseaba por las aceras, por la calle y por los dos parques. Ya era invierno y su dueño, no apareció, ni ese día, ni los siguientes.

Los vecinos adultos, fácil se adivina... no se enteraron de su presencia. Pero sí sus niños, y estos, solo para tratar de lastimarlo.

Lo que fui resolviendo al modo convencional:

¡Ey, déeeeeejalo, no lo toques, no lo apedrees, no lo aprietes, no le retuerzas el pescuezo... es un animalito indefenso... por Dios, mocoso del carajo, que lo dejes,  entiende! ¡Te haré yo a ti, lo que tú le hagas a él, ¡recabróoon! ¡Suelta!

Así de cordial y fina, fue mi dinámica de convivencia, con esos ángeles, hijos de quienes tampoco eso supieron, porque viven ajenos a lo de sus hijos.

Ante su triste abandono, decidí alimentarlo. Pero ya muy desconfiado y arisco, por los constantes ataques de los tales por cuales mocosos; con gritos pavorosos y amenazas de acabar conmigo a picotazos, me ahuyentaba.

De tal forma que gritaba él, gritaba yo, se asustaba él y me asustaba yo... Nos íbamos alternando.

Entonces, me concreté a dejarle rápido, en algún lugar lo más lejos de él, comida y agua, que devoraba, en cuanto se aseguraba de haberse quedado solo, en sus dominios.

Fue el comienzo. (Continuará)

lunes, 28 de octubre de 2019

Miedo inútil

Con miedo o sin miedo, la vida corre, el futuro se acerca, los hechos se consuman, sin quien pueda impedirlo.

El miedo paraliza, limita, impide, ni nos mejora, ni nos aporta algo de valor. Es inútil, pero a la vez, atormenta demasiado.

Por ello, es mejor vivir sin miedo y se puede lograr.

Al tomar conciencia de que la energía creativa, se aprovecha más confiando y que al confiar, nos fortalecemos.

En ese punto, el miedo queda fuera de los reflectores, en la película de nuestro existir y la observamos con dicha, a pesar de los capítulos escabrosos que también contenga.



sábado, 4 de mayo de 2019

Continuación y fin de vaguedad

La lluvia despertó a Marino casi al amanecer, era sábado.  Sigiloso, fue a preparar café y regresó con dos tazas. Daría lo que fuera por conservar siempre esa dicha de observar a Juana mientras dormía. Se sentó en el sillón junto a la ventana. La lluvia, el café, ella... nada más qué pedirle a la vida.

Ella despertó casi enseguida,  con un gesto muy tierno, al verlo contemplándola de igual manera.  Él se acercó, la besó con gran dulzura y le dio su café, que ella aceptó gustosa.

- ¿Qué crees, mujer? Tuve una pesadilla terrible... discutíamos no sé porqué y me perseguías furiosa empuñando un paraguas, querías matarme. Me echabas de la casa muy violentamente. Pero no conforme seguías detrás de mí, por muchas calles, en una gran ciudad que no conozco. Calles y más calles, eran interminables, ganas sentía de volar...

- Y yo soñé que teníamos 5 hijos... y me dedicaba solo a criarlos, no trabajaba, ¡imagínate!. Estaba algo abrumada, quizá frustrada.

- ¿Cuántos? ¡Qué locura!

Rieron a carcajadas.

- Falta mucho para eso, y solo un hijo, dos máaaximo... Pero, falta mucho.

- Mucho tiempo que falta, reafirmó Juana.

- Vamos a pasear, bajo esa lluvia. Dale, Juana, vamos.

- ¿De verdad? Sí, sí, claro que vamos. Y si quieres hasta cantamos I'm singing in the rain, cantaba ella, mientras se vestía.

- Pero sin paraguas... regresamos hasta que nos empape.

La cabaña vibró entera con la sonoridad de sus risas. Y así fue el comienzo de ese primer fin de semana juntos en la montaña, donde decidieron vivir hasta... hasta que se pueda. Con las intenciones de que siempre, aunque nunca se sabe a ciencia cierta, que el amor es más arte que otra cosa y la vida juntooos... una especie de juego donde cambian las reglas a cada paso.  

                        FIN


*Ay sí, no podía quedarse en drama el culebrón. 

viernes, 1 de febrero de 2019

Tampiqueña

Era una casa tampiqueña, pero tampiqueña (tan pequeña), que para caber en ella, había que tener en orden, hasta los pensamientos.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Estrellas, aviso importante:

Si sueles regalar estrellas,

Porque amas admirarlas cada vez, y sabes lo mucho que agradan a todos.

Si te das baños de luz cuando ellas mismas organizan sus lluvias, o les pides deseos a las  fugaces.

Si haces acrobacia en equipo para alcanzar las más cercanas, atractivas o simpáticas.

O si encantas a los más peques, con las de mayor esplendor...

No olvides, al final de la fascinación,  regresarlas cada noche a su lugar. 

Pues se ha venido registrando un continuo y exagerado bajadero de estrellas, que de seguir así, se teme su pronta extinción.  

Atentamente,
Sociedad Protectora de Estrellas.

. . .
*Yo no te pido que me bajes una estrella azul. Solo te pido que mi espacio, llenes con tu luz. Sigue llenando este minuto de razones para respirar...  (Soñé con esa bella canción de fondo, en ese lugar que es más que el paraíso).

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Porque me gusta la verdura

Un hombre, nos estaba remodelando un local en un fin de semana.  Por la premura, ayudamos con la pintura.

Ya en la madrugada del lunes, trabajando y platicando de su vida, le pregunté:

- Si dice que le gustaría tener un hogar, hijos, una familia... ¿Por qué entonces, ha permanecido solo?

- Es que me gusta mucho la verdura y  las mujeres no lo entienden.

- ¡¿Cómo?! Si hay tantas mujeres y de gustos tan diversos.  Además es algo insignificante a cambio de tantas cualidades que usted tiene. Con amor todo se puede comprender y negociar eso, no sé.

- No lo creo.

- Anímese, el amor da fuerza, salud, ilusión. Es el motor...

- Sí, lo sé,  pero, muy pronto surgen los problemas con ellas y ya no se puede seguir.

- No me diga que no ha encontrado mujer que lo entienda... si todavía las hay lindas, adaptables, hasta sumisas.

Habrá alguna vegetariana, con quien comparta ese gusto. Que le cocine platillos ricos sin pizca de carne. O una carnívora a la que no le importe que usted coma verdura. ¿O a usted le molesta que los demás coman carne? ¡No entiendo!

- ¿Qué fue lo que me entendió?, riéndose.

- Que le gusta mucho la verdura y que las muje...

- La aventura, a-ven-tu-ra.

Las carcajadas fueron el combustible para terminar a tiempo. Fue hace mucho y todavía cuando hay presión para terminar algo, recordamos con risa al "vegetariano-aventurero".

Él se aventuró a irse al otro lado y todavía se ríe con su esposa de mis esfuerzos por casarlo, entre martillazos, conexiones, rodillos, barnices y solventes.