Le digo con suavidad, para no asustarlo, ¡buenos días sol! Y siempre, siempre, sonríe haciéndose el muy sorprendido.
Dibuja esa sonrisa desde su boca hasta mi corazón. Como un arcoiris de cabeza, que las flores me piden ayudarlas a subir para usarla de columpio o de cuerda para brincar, hasta que gritan, ¡basta ya! ¡Agua, agua queremos beber! ¡Bájanos ya! *Así, en un día normal.
Dibuja esa sonrisa desde su boca hasta mi corazón. Como un arcoiris de cabeza, que las flores me piden ayudarlas a subir para usarla de columpio o de cuerda para brincar, hasta que gritan, ¡basta ya! ¡Agua, agua queremos beber! ¡Bájanos ya! *Así, en un día normal.
Pero hoy, por eso lo cuento, las flores siguen dormidas, creo que alguna brujita les roció talco anisado para ello. Y llegan centenas de palomas, mirlos, ruiseñores, gorriones, canarios y otros voladores que no sé su nombre, diciéndome muchas, muchas palabritas. Brillantes, acariciantes, cálidas, mimosas, traviesas, juguetones, frescas, todas ellas recién hechitas y listas para ser usadas solo por alguien.
Son palabritas, que yo no puedo pronunciar porque no son mías y porque no las conozco... pero sí las siento... son como tambores o campanas de alegría, para alegrar al mismito sol.
Luego una brisa muy veloz, me dice, son las palabritas que olvidó una niña como tú. te las mando rápido... Pero con un regaño de caramelo, para que no las vuelvas a dejar olvidadas entre tus sueños que enredan a los rayos del sol y que lo hacen despertar siempre tan despeinado.
