Cuesta más, ver a niños trabajando o pidiendo "un peso" a los fuereños, para conseguir una tortilla, porque su maíz ya no nace...Y mujeres solas, las mamás de esos niños, luchando como titanes, artesaneando, rogando al cielo que este día, alguien que llegue, les compre...
Con sus hombres fuera, tratando de abrirse camino. Lejos, muy lejos de sus tierras, sus propiedades ancestrales -de donde los siguen despojando, como siempre y ya lo están logrando- Y ni cómo saber si pudieron llegar.
Cuesta mucho, ver a perros desmayándose, tiritando.Vacas y chivos en los huesos...caballos y burros con la mirada perdida. Secuestrados todos por los estertores. Amagados, dominados por los fantasmas de sembradíos, ahora terregales infértiles, infames.
Cuesta muchísimo no morir de llanto y asfixia, al pie de cualquier árbol gigante, centenario y totalmente carbonizado... Para por lo menos, ser alimento de zopilotes, hormigas o de algún lobo perdido y pertinaz.
Porque uno piensa que como quiera, muriendo, tal vez se daría alimento a otra esperanza.

