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martes, 26 de julio de 2011

La visa del señor Pérez



El empleado del consulado americano, le pide una serie de documentos que el hombre no lleva, para comprobar arraigo, solvencia, estabilidad, sabe Dios cuántas cosas más…

El hombre niega cada cosa que le solicitan, con indiferencia y sin ningún contacto visual con el empleado… hasta que logra hacerlo enojar:

–Y  ¿Cómo quiere usted arreglar su visa sin papeles? ¡Míreme, por lo menos, qué le hablo!

El hombre, imperturbable y mirándolo escasamente:

-Tiene mi pasaporte y la identificación oficial… mi cita de Internet y el comprobante de pago en el banco, ¡son los requisitos!, no sé para qué me pide ahora más documentos. Debieran especificar en su sección “re-qui-si-tos” que van a pedir hasta lo indecible.

-¿Para que desea viajar a Estados Unidos?

-¡Yo no quiero ni voy a viajar a Estados Unidos!… No me gusta Estados Unidos, no tengo el mínimo deseo de ir. Lo conozco casi completo… no hay una sola cosa que me guste. Nada admiro de su país.

-Entonces… ¿Para qué está renovando su visa  por 10 años?

-Por… Nomás… Porque somos vecinos, porque me queda cerca de mi casa el consulado y… No creo que tenga nada que explicarle a usted, ¿o si?  -El empleado se mantiene en silencio, esperando alguna explicación-

…-Bueno, porque deseo seguir teniendo el documento. Le pudiera decir: porque me da la gana, pero, pensaría que estoy siendo grosero y no... usted no tiene culpa de nada. En realidad no es en contra suya… Pero si... lo quiero arreglar porque me da la gana.

-¿Exquius mi?

-Nada, nada, ¡olvídelo!

-¿Trabaja?

-¡Si!

-¿Quiere emigrar a Estados Unidos?

-¡No! ¡Nunca! Ya le dije que no me gusta su país -Clava su mirada en la del empleado-

-¿Ni de vacaciones? –Sonriendo ya con dulzura el empleado-

-No, ni de vacaciones… ¡Hmm!… Por si alguna conexión o escala obligada, pero no, siempre hay forma de rodear.

-¡Oquei! –imprime la autorización, sella, firma y entrega-  –En un mes recibirá en su casa su visa láser, señor Pérez, por si cambia de opinión... Que tenga usted, un excelente día.
 
El hombre no contesta ni gracias, ni nada. Sale airoso, feliz de que alguien sepa, que alguien del otro lado del río Bravo, no viajará jamás a ese país, aunque pueda hacerlo.

Sabe que no puede convencer a nadie de que no viajen para allá, a dejar su juventud, su fuerza, su capacidad, su identidad, su dignidad, su salud y muchas veces su vida…

Cada vez está más convencido de que él no quiere ir. Lo que a nadie le importa, pero a él si le importa mucho poder decirlo. Cree que hace algo de justicia a su raza, con su desdén, aunque no sea así.   

sábado, 23 de julio de 2011

Hoy llueve en Chihuahua


Hoy Chihuahua decidió bañarse. Bueno, en realidad desde ayer. Tenemos una ciudad de lienzo sabatino: atrapados por todos los matices del gris de un día nublado. Empiezan a surgir todos los colores que habían estado ocultos, desde sus escondites, de las casas, edificios, banquetas, calles.

Brotan de los jardines una, dos, cien flores, cada una con el deseo vehemente de ser la más bonita. Se escuchan sus risas, exclamaciones y una que otra discusión, tan sutiles como una emoción espontánea. Yo no sé que sea eso, pero suena a algo bonito.

Y, los cerros detrás de todo, imponentes, un poco más que el día que nos conocimos. Aquel día tan café y un poco lejano, que me marcó de evidencias de cerro las rodillas. Cuando entendí que las evidencias son muy ardorosas, al restregarlas mi madre con alcohol y merthiolate. Por eso pienso, que los cerros huelen a merthiolate, a barro y a mi madre.

Hoy Chihuahua es una ciudad contenta y agradecida con el cielo, por sus humedades, ya tan ansiadas, en este verano inclemente, que ha exagerado el bronce en mi piel.

Hoy en Chihuahua, los árboles estremecen sus ramas muy animosos, conteniendo en sus hojas todas las gotitas brillantes, que saltan desde lo más alto, para ofrecerles vida a todas las aves y abejas que llegan. 

Hoy Chihuahua es un dulce poema, que puedo tocar desde el portal donde estoy, al salpicarme de caricias el rostro, para delinearme en la mente cada una de mis facciones, lo que casi nunca suelo advertir.

Me gustaría que dentro de aquel barquito de papel  que se acerca, apareciera yo timoneando, por el río que se ha formado en la calle,  para dar saltitos y agitar mis manos, mientras grito insistentemente: ¡Esto es la vida!...

Jajaja... ¡Allí estoy!,  ¡de verdad!  con  5 años apenas,  pero, ¿que pasa!... no pude agitar las manos, ni brincar, cuando pasé junto a mí, por tanta corriente, y principalmente por los ladridos de Guango, que no sabe de éstas cosas... Pero intuye que algo muy lindo ha sucedido, en lo que también se empapa de lluvia. 




¡Ojalá qué la lluvia llegue a todas las tierras en sequía, como la que habíamos estado padeciendo nosotros, hasta antier! 

viernes, 22 de julio de 2011

Santa Clara del Cobre


Poblado que se encuentra a 235 minutos de Pátzcuaro, en la parte central del Estado de Michoacán, México. El nombre se le atribuye al asentamiento de un convento de las monjas de la orden de Santa Clara. Aunque en 1936 se denominó como Villa de Escalante, se le sigue llamando Santa Clara.  

Como tradición prehispánica, hasta la fecha, se trabaja el cobre fundido y martilleado, con lo que logran elaborar piezas de una gran belleza, muy conocidas en el mundo. 


El obispo Vasco de Quiroga, a quien los indígenas cariñosamente le nombraban Tata Vasco, fue quien influyó mucho en su forma de organización y perfeccionamiento de sus técnicas.

Actualmente, todo Santa Clara es un centro de elaboración, de todo tipo de artículos de cobre y aunque existe un museo, se puede considerar a todo el pueblo como un museo vivo y más importante. 
 Vale la pena conocer estos trabajos, en que estos conocidos artesanos convierten el cobre, de una manera tan aparentemente fácil, en verdaderas piezas de arte. 
 
Y... cómo cualquier artículo utilitario, por su singular belleza, puede ser capaz de provocar gran impacto, al convertirse en el protagonista de la decoración de cualquier espacio arquitectónico, no importando el estilo.

Pues existen piezas: muebles y artículos decorativos, en cuantos usos y estilos, la imaginación nos permita. 


Los artesanos de Santa Clara, son capaces de elaborar cualquier pieza con ese material, y también como complemento de otros materiales, en los que siempre, el cobre juega un papel central; aportando el detalle cálido, que difícilmente otros metales podrían brindar.