En
ocasiones vibramos a los mismos kilociclos,
hacemos
elecciones equitativas,
pareciera
que somos uno extensión del otro
y
todo transcurre parejo.
¡Cuánto
te amo!
Otras
veces, nuestras cargas energéticas
nos
traicionan: si tú dices si, yo digo no,
si
yo voy, tú vienes.
Explotamos
con una fuerza capaz,
de
ionizar nuestras moléculas.
¡Cuánto
nos odiamos!
Pero
¡Ay Dios!, cuando la cinética actúa,
nuestro
campo de energía se expande,
demostrándonos, que velocidad es igual
a
distancia entre tiempo,
y
que la teoría de la relatividad,
con
la equivalencia entre masa y energía,
es
lo más sagrado.
Entonces,
no sé de cierto,
si
te amo por ti, o por todas esas teorías,
físicas
y químicas, que elevan al cielo,
todas
nuestras partículas,
desde
el primer contacto.