Doce horas o quince...
Se me tuercen los dedos,
se me retuerce la espalda,
hasta que ellos solos
se vuelven a destorcer,
porque se acalambran,
y se desencajan,
huesos que se evaporan
y se van
¿A dónde se me van
los huesos
si yo creo que sigo aquí?
Después, nada,
está todo dormido,
muy dormido todo me está.
Polvo de telas,
mugre de telas,
goma de telas,
químicos de telas,
apesta,
apestan las malditas telas.
Ruido, rruido, rrruido, rrrr
taladran las máquinas,
A coser, a coser...
Rrr, erre con erre cigarro,
qué calor.
Aguanta, aguantaaaa,
qué penumbra.
Que aguantes
sin equivocación.
«¡Ni una pieza mal
o te la voy a descontar»
¿Cuántas malditas veces
me lo habrás dicho este mes?
Al revés, al derecho,
el hilo se rompe otra vez.
Y mis huesos te gritan:
¡Pinche Explotador!
—¡Calla, cá-lla-te,
que ái viene el patrón!
¡Que te calles ya!

Besos