Ella despertó casi enseguida, con un gesto muy tierno, al verlo contemplándola de igual manera. Él se acercó, la besó con gran dulzura y le dio su café, que ella aceptó gustosa.
- ¿Qué crees, mujer? Tuve una pesadilla terrible... discutíamos no sé porqué y me perseguías furiosa empuñando un paraguas, querías matarme. Me echabas de la casa muy violentamente. Pero no conforme seguías detrás de mí, por muchas calles, en una gran ciudad que no conozco. Calles y más calles, eran interminables, ganas sentía de volar...
- Y yo soñé que teníamos 5 hijos... y me dedicaba solo a criarlos, no trabajaba, ¡imagínate!. Estaba algo abrumada, quizá frustrada.
- ¿Cuántos? ¡Qué locura!
Rieron a carcajadas.
- Falta mucho para eso, y solo un hijo, dos máaaximo... Pero, falta mucho.
- Mucho tiempo que falta, reafirmó Juana.
- Vamos a pasear, bajo esa lluvia. Dale, Juana, vamos.
- ¿De verdad? Sí, sí, claro que vamos. Y si quieres hasta cantamos I'm singing in the rain, cantaba ella, mientras se vestía.
- Pero sin paraguas... regresamos hasta que nos empape.
La cabaña vibró entera con la sonoridad de sus risas. Y así fue el comienzo de ese primer fin de semana juntos en la montaña, donde decidieron vivir hasta... hasta que se pueda. Con las intenciones de que siempre, aunque nunca se sabe a ciencia cierta, que el amor es más arte que otra cosa y la vida juntooos... una especie de juego donde cambian las reglas a cada paso.
FIN
*Ay sí, no podía quedarse en drama el culebrón.


