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viernes, 9 de septiembre de 2011

Pomponio mi payasito


Pomponio mi payasito,
es de lo más juguetón.
Se despierta muy temprano,
siempre de buen humor.

No le gusta su nombre,
dice que se llama “Pom Pon”,
y aunque ensaya casi siempre,
no aprende ni una canción.

Presume que en el circo,
es la principal atracción.
a sus hermanos pequeñitos,
que lo admiran con devoción.

Pero todos los demás muñecos
saben que no es así.
Que dice muchas mentiras,
con tremenda imaginación.

Esta es la versión de Moly,
la muñequita de la capital,
que dijo ser azafata,
al adquirirla en la terminal.

Ay, a esos muñecos,
no sé les puede creer,
Tanto uno como el otro,
son igual de fantasiosos. 


miércoles, 7 de septiembre de 2011

Recuento



Las cosas cambian,
ya no eres la misma,
se te acabó la juventud. -Me reprochó-.

Primero,  me invadió su nostalgia,
y extrañé el candor de aquellos años
y la firmeza de mi carne,
que conoció tan bien.

En silencio busqué sus ojos,
mi sitio predilecto de él.
Sus lágrimas desbordaron las mías.
Tan fácil que soy para tristear.

Me sentí molesta, saturada,
con su: “Ya no me gustas”,   
pero su actitud, traicionaba su boca
y frené el pleito con silencio.

Para, asimilar el fondo de la descarga,
que lanzó sobre mí.
Con morbo evoqué,  muchos recuerdos, 
en lo que decía no sé qué más.

Muy perversa, repasé cada vivencia 
su fuerza, virilidad, su manera de amarme,
todo, todo, de cada escena pasada,  
comparando con el ahora y aquí.

¿Por qué te sientes viejo?
Si, ¡me gustas más ahora! -le dije-
con una voz hecha de sentimiento
más que sonido, que lo desarmó.

Descorchó las caricias y los besos,
de su  reserva especial.
Estrenó mi piel tan recorrida, 
y nuestras almas,  muy nuevas,
se licuaron sin moderación.
¡Eres adorable, nunca cambies! –pensé que dijo-


 

lunes, 5 de septiembre de 2011

Las historias del caracol


Me hallé, al caminar por la playa, éste caracol, con muchas historias adentro. Me platica que nadó y nadó, por la cristalina inmensidad, para que yo lo encontrara, así de brillante y  lindo, dándose baños de arena y sol.

Dice que juega siempre, con los amigos que tiene; y lo más divertido es, con los peces chicos, con otros moluscos, y tortugas, que son los que nunca, se fijan si se hace tarde. De donde les viene la fama de despreocupados.

Cuenta que desde bebé,  los caballitos de mar, muy amigos de mamá, le enseñaron a nadar, llevándolo en su lomo, con extremo cuidado; hasta asegurarse, de que ya era capaz, de desplazarse solo, de cuidarse sin llevarse grandes sustos.

El caracol, me está enseñando a mí, para que vayamos a jugar, entre barcos y tesoros, hundidos de piratas; o entre los corales,  de los arrecifes, que yo todavía,  no sé como son.

Es pura alegría, cuando me detalla, como si fuera, apenas un hallazgo, la hermosura de su casa y el amor de su la familia, que lo espera… El caracolito que vino por mi, desde el más lejano mar (final clasificación A). Donde también vive, muy feliz Alfonsina, y es quien administra, la cadena de joyerías de las sirenas, desde que la dieron por perdida (Final, clasificación B).

* * * Y si es B aunque no contenga escena fuerte, sexual o violenta, pero de aquí pueden empezar los niños a tomarle el gustito a quemar las arcas, cuando las cosas no les funcionen y aparecer muy campantes en otros lados, hasta con otras identidades. ¡No señor! no contribuiré en ese asunto.